La poesía de Antonio Avelino Corral García
Este 10 de marzo celebramos el aniversario de nacimiento del poeta Isleño Antonio Avelino Corral García fallecido el 27 de agosto de 2001. Con motivo de dicha efeméride se expone un comentario crítico a su obra.
La figura de Antonio Avelino, pese al tiempo que nos separa de él, recordemos que nació en 1915, es universal y pese a la obsesión de nuestra sociedad obtusa por la fuerza, la violencia y la voluntad de dominación, nos es imposible no sentirnos identificados y en parte deseosos de sentir con la arrolladora fuerza lírica a través de la que el poeta, un espíritu sutil y delicado casi frágil, percibía la existencia.
La obra de Avelino es la consecuencia de su carácter, enmarcada siempre en los fríos y escrupulosos esquemas de la poesía clásica. Y lo interesante de este autor que encuadraríamos en la poesía de los cincuenta es que no se ciñe a su temática, generalmente social, y a sus formas, mucho más libres. En lugar de eso encontramos un gusto más anticuado, romántico y modernista.
De dichas corrientes toma el gusto por la naturaleza, idealizada, cuyo mayor exponente es el mar, pero también los cultismos, las palabras exóticas, la delicada figura de la mujer que aparece no como un ente activo sino un personaje anhelado y receptor del más puro deseo emotivo, alejado de la sensualidad, que es mínima, en comparada con la afectividad.
Como buen heredero del modernismo es un absoluto preciosista: los poemas aparecen salpicados de numerosas enumeraciones que despliegan una encomiable sensualidad a los sentidos derramándose en ellos desde lo mitológico hasta los elementos de la naturaleza como puede ser su mejor exponente, en el lenguaje poético, las flores. Pasando por los elementos marinos, los puntos cardinales o la música.
La métrica carece de libertad formal, es inexistente el verso blanco y libre y quizá vemos una obsesión por la métrica del siglo de oro, italianizante, cuyo máximo exponente será el soneto, hasta tal punto el autor es tan exquisito en su perfección formal que no teme romper el ritmo natural de los sintagmas en pro de mantener incorruptible la métrica y la rima. El mejor ejemplo de todo esto son sus constantes encabalgamientos.
La patria chica es el norte magnético del poeta, el lugar donde morir y donde gozar, es una especie de tierra prometida donde se dan las dos corrientes de su poesía: la íntima y la comunitaria, de un ritmo más tradicional, representada exquisitamente en los poemas a la Virgen del Carmen, en cuya fe el pueblo se sindica.
Pero no podemos olvidar los dolientes poemas íntimos donde el yo poético se muestra con más fuerza, en ellos muestra su voluntad de amar, las injurias que se lanzaron contra él, su visión de la poesía, su sufrimiento, sus cavilaciones, sus luchas internas, su fe en Cristo, y el deseo de ser recordado.
Personalmente considero que Avelino, no sé si sin quererlo, le imprimía un sentido simbolista a su poética, todo es símbolo de algo diríamos en clase de literatura, tras esa armadura clásica vive en él un poeta trascendente y lleno de sentido. Es nuestro trabajo, como lectores y admiradores suyos, superar la dura cáscara y llegar al tierno corazón del fruto de su poesía y cantar con él su admiración por la luz, el mar, el amor y los delicados, delicadísimos sentimientos.
YO SOY…
Yo soy un bohemio que lleva sangrando,
oculto allá dentro, su fiel corazón.
Yo soy un poeta, de música triste,
que siembro en las flores muy dulce canción.
Yo soy una estrella que alumbra en la noche,
con faro celeste, con fe de ilusión.
…
Yo soy un hidalgo, de estirpe divina,
que va regalando ensueños de Amor.
BIBLIOGRAFÍA
Corral García, A. A. (1980). CANTOS A MI TIERRA y otros poemas. (R. López Ortega, Ed.) Madrid.
Corral García, A. A. (2014). De mi Ayer. (V. López Márquez, Ed.)

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