IV CONCURSO NACIONAL DE MICRORRELATOS Y POESÍAS DEL CENTRO DE PARTICIPACIÓN ACTIVA PARA PERSONAS MAYORES DE ISLA CRISTINA (REPOSITORIO)

Exponemos los premiados por el IV CONCURSO NACIONAL DE MICRORRELATOS Y POESÍAS DEL CENTRO DE PARTICIPACIÓN ACTIVA PARA PERSONAS MAYORES DE ISLA CRISTINA promovido por Manuel Jesús Rodríguez Villegas.


En la categoría de microrrelato

Ganador: Manuel Peris Junco por El favor.
Primer finalista: Francisca Pérez Ramírez por La entusiasta de los bits.

En la categoría de poesía

Ganador: Luis Ignacio Marín García por La odisea de los dos saltimbanquis.
Primer finalista: Fernando Solana Álvarez por Agradecer a la vida.

Jurado compuesto por Manuel Jesús Rodríguez Villegas, Miguel Ángel Hiniesta Sánchez y Ana Ríos Serrano.

La entrega de premios se realizó en las Instalaciones del Centro Arati de Isla Cristina el miércoles 19 de diciembre de 2025.

A continuación se adjuntan los textos y las bases del concurso.


EL FAVOR

El serrijón se hacía viejo. El sol, las lluvias, las nieves y los vientos lo desgastaban y achicaban más y más. Recordaba su juventud lozana, estirada, orgullosa, en la que llegaba a tocar la gloria. Y ahora se veía poco a poco redondeado, encorvado, enterrado. Eso lo apocaba como a Luna en cuarto menguante a medio camino hacia la extinción, pero en su caso sin esperanza en el resurgimiento. Suspiraba y los ecos bajaban por los valles.

Los habitantes no sabían la causa de esos quejidos. Siempre lo habían conocido así. Su escala de los tiempos era otra. La única diferencia de la que tenían noticia era que antaño estuvo recubierto de robles, pero habían sido talados hacía siglos para la construcción de casas y barcos.

Ramón sí se entendía bien con él, porque eran los mismos suspiros que se le escapaban desde que lo jubilaron. Lo recorría y lo percibía íntimo, le confiaba su desolación y escuchaba la suya. Entendió que se resistiese a encogerse, a desaparecer, a jubilarse, y sabía la solución. Restablecería el robledal que tiempo atrás lo protegió de la erosión. Le contó que le tejería un manto que le ayudaría a sobrellevar los tiempos.

Se lo tomó como el encargo de un amigo y se entregó a ello. Tardó años en culminar la repoblación pero los resultados comenzaban a ser visibles y cesaron los lamentos de las cumbres.

Con las escasas fuerzas que le quedaban se dedicó ya solo a la sustitución de pies malogrados, hasta que sus fuerzas se acabaron. Respetaron su decisión y lo enterraron en lo más alto. En el momento de depositar el cuerpo bajo tierra se abrió una grieta por la que desapareció con el estruendo de un desgarrado grito de dolor serrano.


LA ENTUSIASTA DE LOS BITS

Tienes 60 años, pero al mirarte en el espejo, ves el mismo brillo de curiosidad que tenías a los treinta. Eres Elena, profesora de Literatura en secundaria, y tu verdadera pasión ahora no está solo en Cervantes, sino en la Inteligencia Artificial.

Te niegas a ser esa "persona mayor" que le teme a la tecnología. Para ti, la IA no es una amenaza, sino un aliado que redescubre la creatividad. Mientras tus compañeros de claustro se quejan de ChatGPT y lo prohíben, tú la abrazas.

Recuerdas la primera vez que usaste una herramienta de IA para generar ideas de flash fiction sobre el Quijote: la sala de profesores se llenó de un silencio incómodo, pero tus alumnos, por otro lado, se encendieron. Viste sus ojos brillar de la misma forma que brillan los tuyos cuando descubres un nuevo algoritmo.

Ahora, en tu clase, no solo lees poemas, sino que diseñas prompts. Esta semana, el desafío es El Decálogo del Anti-Héroe. Instruyes a cada grupo para que pida a la IA que cree una lista de diez mandamientos para un protagonista fracasado, utilizando un estilo que imite a Borges o a Cortázar. Les enseñas a ser ingenieros de prompts.

Pero el ejercicio no termina ahí. Una vez la máquina devuelve su lista, lanzas el verdadero reto: "La IA ha creado la estructura, la sintaxis. Ahora, superadla. Añadid la emoción cruda, la ambigüedad moral, el sabor a derrota que solo la experiencia humana puede ofrecer".

Observas a un alumno que reescribe el mandamiento "No dudarás de tu inutilidad" por "Buscarás la luz solo para confirmar que la sombra es tu destino". Sonríes. Ahí está: la chispa humana.

Eres la prueba de que la edad no es un límite, sino solo más años de experiencia para seguir aprendiendo.


LA ODISEA DE LOS DOS SALTIMBANQUIS

El abuelo Ramón,
con su bastón de ébano
(que en realidad era un palo de golf urbano),
decidió que el yoga era cosa de niños
y que lo suyo son los saltos de
trampolín sobre un disco de vinilo.

Se puso sus gafas,
tamaño plato de sopa,
y una bufanda tejida con
lana de vicuña europea
—"¡a vivir con brío!", gritó
la gata siamesa, mientras él
se ponía su bota derecha
en la cabeza—.

La abuela Clotilde,
fanática del windsurf
(aunque solo lo practica
en sueños sobre un puf),
colecciona tapones de corcho
y botellas de sidra espacial.
Cree que internet es
un monstruo marino.

Un día, confundió el mando
de la televisión con una banana
congelada para su mousse de salmón:
"¡no consigo apagarla!", musitó,
muy molesta, porque el ruido de la tele
no le dejaba disfrutar de la siesta.

Ramón y Clotilde, en
un ataque de energía sin par,
se decidieron a ir hasta la orilla
del mar en bicicleta.

Al llegar a la playa, dijo Ramón
con voz de trueno: "¡Me encanta
este mar con sus ondas de gelatina!”.
Clotilde, acelerada, sacó un patito
de goma gigante y declaró:
"¡Pues naveguemos a bordo
de este elefante!"…

Así pues, sin miedo,
marcharon, rumbo a la marea,
estos dos simpáticos héroes
con una idea fija en la cabeza:
¡enfrentarse a las soberbias olas!...

Quizás sus pensamientos no fuesen lógicos,
ni sus ideas tuvieran gran cordura,
pero hacían de su vida un musical
repleto de lúcida fantasía
y eran el germen de
aventuras extraordinarias.


AGRADECER A LA VIDA

Especiales son las horas,
que marcan tu aniversario.
Ese día que naciste,
con un pan bajo tu brazo.
Otros, en cambio, lo sufren,
esos días tan aciagos,
los lamentos y las bombas,
no hay comida en el mercado.
Pero no es un día oscuro.
Hoy vamos a celebrarlo.
Celebrar que estamos vivos.
Celebrar tiempos pasados.
Aunque existen esas gentes,
que se quitan unos años.
Los documentos no fallan
y suelen ser unos cuatro.
Eso esperan ´los bisiestos´
cuando febrero es más largo.
Sus veinte son tus ochenta,
la alegría de pasarlos.
Mantenemos los recuerdos.
Las vivencias nos cambiaron.
Aprendemos de los golpes,
la dureza del trabajo
y a pesar de los conflictos,
al de al lado respetamos.
Aunque tengas un mal día,
y sufrir un desengaño,
del amigo, la pareja,
del vecino o del hermano.
Sin embargo, una mañana,
no los cuentas con las manos.
Te miras en el espejo
ya nos vamos ´acercando´
y justo en ese momento,
tenemos que ser sensatos.
Agradecer a la vida
por recibir sus regalos.
Disfrutar de este presente,
superar los altibajos.


Descargar las bases de la tercera edición:


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