I CONCURSO NACIONAL DE MICRORRELATOS Y POESÍAS DEL CENTRO DE PARTICIPACIÓN ACTIVA PARA PERSONAS MAYORES DE ISLA CRISTINA (REPOSITORIO)
Exponemos los premiados por el I CONCURSO NACIONAL DE MICRORRELATOS Y POESÍAS DEL CENTRO DE PARTICIPACIÓN ACTIVA PARA PERSONAS MAYORES DE ISLA CRISTINA promovido por Manuel Jesús Rodríguez Villegas.
En la categoría de microrrelato
Ganador: Jesús Jiménez Reinaldo por Un café.
Primer finalista: Concha Mora Olmedo por Teresa.
En la categoría de poesía
Ganador: Manuela García González por Escalofrío.
Primer finalista: Fernando Solana Álvarez por Vivencias Estivales.
Jurado compuesto por Manuel Jesús Rodríguez Villegas, María Reina López y Miguel Ángel Hiniesta Sánchez.
La entrega de premios se realizó en las Instalaciones del CPA de Isla Cristina.
A continuación se adjuntan los textos y las bases del concurso.
UN CAFÉ
Cuando cruzó el umbral de la puerta de la cafetería, sintió un escalofrío, como quien se aventura en una zona prohibida.
Notó que algunos hombres la miraban: ella pensó que la verían insegura, fuera de sitio; la mayoría de ellos, que era una mujer encantadora y hermosa.
Se sentó en una mesa discreta, cerca de la cristalera que daba al parque, y pidió tímidamente un café con leche.
Lo paladeó voluptuosamente, como si fuera pecado. Lo dedicó a la memoria de su madre, que nunca entró sola en un bar y que le inculcó a fuego que solo las malas mujeres lo hacían. Pero corría el año 2022, tenía sesenta años y ya no le debía explicaciones a nadie.
La transgresión sólo le costó un módico euro con cincuenta.
TERESA
—Buenos días Teresa —dice Aurora mientras calienta la leche.
—Son las 9 de la mañana. Te toca la pastilla roja —responde Teresa.
—Gracias Teresa. ¿Qué tiempo hará hoy?
—Se espera que entre una borrasca por el Norte que afectará al centro de la Península a primera hora de la tarde. La temperatura mínima será de 8 grados y la máxima, de 14 grados.
"Qué triste es la soledad, sobre todo cuando no es buscada. Si me hubiera ido a una residencia, todas mis posesiones me hubieran echado de menos. Mi camita, mi mantita de viaje, mis platos, se hubieran quedado abandonados, como huérfanos". —piensa Aurora mientras vierte la leche en una taza y toma la cafetera para añadir el café— "Menos mal que tengo a Teresa. Me hace mucha compañía y me recuerda muchas cosas que debo hacer".
Mientras Aurora desayuna con calma, un gato juguetea con un ovillo de lana roja en el umbral de la puerta que da paso a un angosto y obscuro pasillo distribuidor.
—Benito, tú también querrás desayunar, ¿no? —le pregunta al gato— Toma, aquí tienes tu pienso. Voy a llamar a Marina.
Con paso vacilante cruza la puerta que se sitúa al otro lado del pasillo y entra en un sobrio saloncito. Coge el teléfono y marca un número.
—Hola Marina, ¿qué tal todo?
—Bien y ¿tú qué tal? ¿Qué tal con Teresa? —le responde una voz al otro lado de la línea.
—Estupendamente. Me hace mucha compañía. El tener una persona en casa…¡vamos!, persona… Ya me entiendes, me hace muy feliz. ¿Quedamos hoy para la partida?
—Sí. En la cafetería a las 6.
—Bien, pues luego nos vemos.
—Son las 10 a.m. —dice Teresa con su voz mecánica.
—Gracias Teresa. Dame la lista de la compra. Vuelvo a las 13 horas.
Desconéctate.
ESCALOFRIO
Una calle, dos aceras,
Las seis de la mañana
En la casa ya se siente el movimiento
De la vida, la madre enciende,
La hornilla de carbón, para poner,
El café, digo, la cebada tostada
Para tomar algo que te caliente
El estómago antes de salir al
Campo a trabajar.
El padre va preparando la mula
Y el aparejo, pues no deben llegar
Tarde, sino, el manijero se enfada
Y hasta puede que le quite algo
Del jornal.
Los niños sí, porque son niños
Doce y catorce años, tienen pereza, madre,
¿porqué los de la calle de enfrente
No madrugan?
Si, Dios así lo dispuso, él sabrá!
La otra acera, once de la mañana,
La criada enciende el fuego, pone
El café y va a despertar a los señoritos
Doce y catorce años.
La criada les prepara las ropas,
Los ayuda, y les pone el desayuno.
Mientras coge el rosario y el libro
De misa, su mamá les mete
Prisa, venga que van a llegar antes
Los tejaranos y nos quitan el primer
Banco y en los de atrás
Don Segismundo no nos ve.
Son las once cuarenta y cinco de la mañana
¡Mamá! que frío hace! aguantad un poco con estos
Abrigos, pues ha dicho papá
Que si este año los campos dan tan
Buena cosecha y el manijero aprieta
A los vagos de los obreros,
Iremos a comprarnos unos buenos
Abrigos, a mí de piel y a vosotros,
Lo mejor que haya en la tienda.
Mamá ¿y con estos que hacemos?
Hacemos una obra de caridad
Y los damos a la parroquia para los
Pobres. Mamá, a los vecinos de la acera
de enfrente no los veo nunca en misa.
Dios los castigará, cariño,
Dios los castigará.
VIVENCIAS ESTIVALES
I
A lo lejos nuestros pasos,
se definen en la arena.
Son efímeras pisadas,
las aguas borran las huellas.
La tristeza de mis ojos,
llevas meses más enferma.
A mi lado ves el cielo,
al horizonte las velas.
Me preguntas una cosa,
con sigilo, sin barreras.
Yo no deseo perderte.
Tú sabes ya, la respuesta.
Los sonidos de las aves,
las coquinas en la tierra,
acaricio tu mejilla.
Un destino que está cerca.
II
Un año llevo sin verte,
en el margen de la playa.
Ahondar tus verdes ojos,
al cruzarnos la mirada.
Recuerdo lejanos días,
que me esperabas descalza.
Para dar nuestro paseo.
Las aguas están en calma.
Compartir sencillas cosas.
Un beso, darte en la cara
y jugar como los niños.
Resolver la adivinanza.
En el cielo pocas nubes,
dos gaviotas alzan alas.
Hay toallas en la arena,
los rubores en espaldas.
III
Un pequeño regordete,
en su toalla sentado.
No para quieto, curioso,
se toca los pies descalzos.
Cosquillas en la barriga,
muchas risas, pocos llantos,
un abuelo con orgullo,
le vigila todo rato.
Las sombrillas en la costa,
vacaciones de verano,
una abuela que nos falta,
pues han pasado dos años.
Un paseo por la arena,
los recuerdos se cruzaron.
Un novel y su maestro,
sus ojos son verdes claros.


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